24 Imágenes por Segundo

martes, 1 de diciembre de 2009

Carnival of Souls: A veces veo...


Hay películas que a menudo pasan desapercibidas a mis ojos. Son obras que descubro por pura chiripa bien en la estantería de un centro comercial o bien porque las oigo comentar a terceros. Este es el caso de Carnival of Souls ( Herk Harvey 1962) una interesante obra de terror psicológico germen de gran parte del cine que años más tarde se encumbraría como de culto o película supermega original de la muerte lenta y que beben de ella como sanguijuelas mutantes venidas del espacio exterior.

Hay que decir que su director, como sucedía con George A Romero (del que toma prestada cosas de Carnival en su obra magna La Noche de los Muertos Vivientes 1969) venía directamente del mundo de la publicidad y que debutaba en la pantalla grande con una película de muy bajo presupuesto, con actores desconocidos, casi todos ellos amigos o gente de su entorno laboral y en formato tan económico como el blanco y negro.

A veces trabajar con un presupuesto bajo hace que la inventiva cree verdaderos milagros y precisamente eso es lo que sucede con Carnival of Souls. No hay efectos especiales sofisticados (tampoco se habían inventado), ni siquiera una banda sonora de las que hacen historia. Todo se centra en efectivos trucos de luz, maquillaje y una perpetua música de órgano enlatada. Los planos son cuidados, oníricos en muchas de las ocasiones, los decorados son naturales, hasta ese circo, balneario abandonado donde habitan los fantasmagoricos esperpentos que atormentan a la protagonista son reales. Como sucedía con Romero y su Noche de... aquí no hay trampa ni cartón, pero si mucha habilidad para aprovechar el poco dinero invertido.  

La historia de Carnival narra las desventuras de Mary Henry una organista talentosa que un buen día no se le ocurre otra cosa que subirse al coche de unas amigas para ir a dar una vuelta por el pueblo. En medio camino se cruzan con un grupo de jovencitos que les retan a participar en una carrera. La mala suerte hace que el coche donde Mary y sus amigas viajan acabe en el fondo del río, tras caer por un lado de un puente... Cuando la policía llega al lugar del siniestro solo encuentran a Mary que surge del agua completamente desorientada. Pasan unos días pero aun sigue atormentada por lo sucedido por lo que decide marcharse del lugar y comenzar una nueva vida lejos de su ciudad. Toma su coche y se embarca en lo que será un viaje extraño, poblado de figuras pálidas y amenazadoras que la persiguen, donde el tiempo le juega malas pasadas deteniéndose a su alrededor, haciendo que la gente que la rodee la ignore como si ella no existiera. A eso hay que sumarle la obsesión que tiene hacia un viejo y destartalado balneario que también fue parque de atracciones y que se encuentra en las afueras de la ciudad. Son varios los personajes que se cruzaran en su vida, unos de ellos para ayudarla como el Doctor Samuels (Stan Levitt) o incluso Mrs. Thomas (Frances Feist) la dueña de la pensión donde ella vive. Otros la atormentarán como John Linden (Sidney Berger) su compañero de hospedaje que sólo busca llevársela al huerto o el enigmático Zombi del lago (Cary Conboy) que aparecerá asomado en ventanas o incluso oculto tras la butaca del Doctor Samuels. Si bien es una obra que ahora vista parece incluso ingenua (sus diálogos y algunas situaciones son un tanto ridículas) demuestra tener una fuerza visual que más de una película actual del genero del terror le gustaría tener. Su final sorpresa denota también su influencia en ciertos directores  

Carnival of Souls es una obra olvidada por el tiempo, es la semilla de donde han surgido otros árboles más robustos, algunos con pretensiones de secuoya pero que se quedan en simples arbustos. Obras como la mencionada La Noche de los Muertos vivientes, Carretera Perdida (David Lynch 1997), El Resplandor (Stanley Kubrick 1980), Los Otros (Alejandro Amenabar 2000) o la sobrevalorada El Sexto Sentido (M. Night Shyamalan 1999) le deben mucho. A su vez también se ha de admitir que Carnival of Souls debe muy mucho de la gran Psicosis de (Alfred Hicthcock 1960).  

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